16 OCTUBRE 2022
EJERCICIO 3. EFECTO PÉNDULO.
LA SONAJA
El día de los doce años de Adela llegó, con una canción sus padres la despertaron y la felicitaron. Era un día de sol brillante y cálido de otoño, por la tarde en el parque habría una fiesta para celebrar el cumpleaños con sus amigas.
Esperaban que la tía Marcia estuviera, que llegara a tiempo de su viaje a territorios remotos, para felicitar a su ahijada.
Todas las personas y niños estaban en el parque divirtiéndose con juegos, cuando un coche negro paró en la acera y de él se bajó la tía Marcia, Adela corrió hacia ella y se enroscó en su abrazo, después le preguntó:
—¿Qué me has traído esta vez?—mirándole las manos que estaban vacías.
La tía Marcia abrió su mochila, metió la mano derecha y sacó una bolsa con marcas y bordados extraños.
—Esto es para ti—entregándole la bolsa.
Adela sacó una sonaja de la bolsa, estaba pintada con colores chillones y signos desconocidos. Los amigos se arremolinaron alrededor mirándola, unos reían, otros la tocaban curiosos, otros seguían comiendo. De pronto comenzó a moverla con suavidad, era un sonido curioso y extraño. La tía Marcia puso la mano derecha encima de la sonaja e hizo parar el sonido y le dijo a su ahijada:
—No es un objeto para jugar, es para que te acompañe en tu día a día. Cada sonido tiene una consecuencia en ti y en las personas de tu alrededor. Si tocas con calma habrá calma y serenidad, si tocas con furia la desatarás con repercusiones inusitadas. Cuando pidas algo, tienes que dar tres movimientos con la mano izquierda, estando concentrada en lo que quieres pedir. ¡Usala con prudencia!.
—¡No seas melodramática Marcia! ¡Vas a asustar a la niña!—le dijo a su hermana.
—Yo solo os comunico lo que me dijeron los chamanes de las montañas alrededor de Cuzco.
— Bueno, a lo mejor no es un regalo adecuado a la edad de Adela—le contestó—Ya lo decidiremos en casa— guardando la sonaja en su bolsa y quedándosela.
Adela se sintió extraña, advirtió la necesidad de estar cerca de la sonaja y jugaba con sus amigos alrededor de su madre y la bolsa. Todavía percibía el murmullo del sonido en sus oídos y la sacudida de lo que estaba dentro de la sonaja. Notaba una calma dulce dentro de ella.
Tía Marcia se marchó a otro de sus viajes y la sonaja quedó en la repisa superior del mueble del salón, donde habían decidido sus padres, solo podía cogerla Adela con el permiso y ayuda de sus padres. Se olvidaron de ella.
En la zona donde vivían habían tenido una primavera con muy pocas lluvias y un verano muy caluroso. El otoño se presentaba cálido, los pantanos estaban secándose y habían comenzado las restricciones de agua.
Un día de otoño, muy caluroso, estaban todos en el salón viendo las noticias, el padre de Adela dijo:—¡Como no llueva pronto, tendremos problemas con el agua!
En ese momento Adela tropezó con el mueble del salón y la sonaja comenzó a sonar suave.
Esa noche una lluvia empezó a caer suave y siguió durante una semana. Los habitantes de la zona estaban contentos de escuchar el repiqueteo de las gotas de agua que empapaba los campos. La borrasca se instalado en la comarca donde estaba el pueblo, era en el único sitio del país en el cual llovía.
Mónica, la madre de Adela pensó en lo que había dicho su hermana y esa noche después de la cena, sentados en el salón lo hablaba con su marido y su hija. Y dijo que era extraño que solo lloviera en este lugar, ¿será por el sonido de la sonaja?—dijo sonriendo con ella en las manos. —De la nada surgió la lluvia, la noche que sonó, apareció una borrasca, ¿Fue casualidad?.
—¡Podemos probar de nuevo, ahora que se ha terminado la lluvia!—dijo Adela, quitándole la sonaja su madre de las manos. Se escucharon las semillas entrechocar entre ellas
—¡Alto!—dijo el padre—¡Ten cuidado con lo que pides, podemos provocar una inundación!—y le quitó la sonaja de las manos. Volviendo a escuchar el sonido, ahora más fuerte.
Cada vez que uno de ellos le había quitado la sonaja al otro, se escuchaban los sonidos que salían de dentro de ella, cada vez más potente. Dejaron la sonaja en lo alto del mueble y se fueron a dormir. Adela se asomó a la ventana de su habitación, un cielo estrellado con una insinuación de luna se extendía delante de sus ojos.
En la madrugada, un gran trueno seguido de un relámpago que iluminó mucho tiempo la casa, despertaron a la familia. La lluvia resonaba, como una cortina veían caer desde las ventanas. Comenzaron a formarse riachuelos cada vez con más cantidad de agua.
Llevaban ya quince días de lluvias en el pueblo y en todo el país. Las noticias de los telediarios anunciaban una borrasca tras otras por todo el territorio. Ya había inundaciones en varias regiones con los bomberos y el ejercito rescatando a personas de sus casas inundadas.
En la vivienda de los padres de Adela, el agua había comenzado a entrar. Entre todos estaban subiendo al piso superior objetos, ropa y comida, en medio del trasiego Mónica se paró y dijo:
—No creo que la sonaja pueda hacer llover como lo está haciendo.
—¿Qué dijo la tía Marcia cuando me la regaló? ¡Papá, todos movimos la sonaja! el sonido lo escuchamos cada vez más fuerte.
—¿Cómo podríamos parar la lluvia?—preguntó el señor García, el padre de Adela.
—Podríamos llamar a la tía o tocar la sonaja y pedir que pare la lluvia.
El señor Garcia cogió la sonaja con suavidad la movió tres veces y dijo:— ¡La lluvia termina hoy, el sol nos alumbra y nos da vida!
La lluvia seguía y seguía, el agua entro en tromba dentro de la casa rebasaba el medio metro, subieron todos al piso alto, Adela agarró con furia la sonaja con la mano izquierda, la movió tres veces y dijo:
—¡Para la lluvia ahora!
Un gran trueno retumbó, hasta los cimientos se movieron. Un relámpago atravesó el cielo de un lado al otro y de pronto la lluvia paró. Un rayo de sol apareció entre las nubes negras. Abrazados decidieron esconder la sonaja.
Me encanta, sobre todo el principio
ResponderEliminarPrecioso, Sonia y de acuerdo con Isabel, me gusta más el principio
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