1 DICIEMBRE 2022
EJERCICIO 7 RELATO CIENCIA FICCIÓN Aurora Palomo
BUSCANDO EL CIELO
Alondra desde los diez años paseaba por los pasillos superiores de los túneles, era el lugar que más le gustaba, en lo alto, cerca de la luz, cerca del cielo. La parte superior de los túneles estaba pintada del azul del cielo, según contaba su abuela cuando recordaba la vida en el exterior. De eso hace muchos años, los regidores de la ciudad decidieron, a causa de la contaminación radioactiva por las guerras, construir la ciudad bajo tierra con sofisticados aparatos para filtrar el aire contaminado.
A lo lejos escuchó que la llamaban, ella siguió saltando y corriendo sin prestarle atención, hasta que vio a su hermano subir por las escalerilla que llegaban a donde ella estaba.
—¿Qué quieres?—le preguntó
—Papá nos llama, la abuela está…
Alondra comenzó a bajar de prisa con su hermano detrás, llegaron a la zona donde habitaban, entró corriendo en la habitación de la abuela que también era la suya, allí en la camastro que colgaba de la pared estaba la abuela, una respiración superficial movía sus débiles costillas. El médico había decidido que era hora de partir.
Todas las personas cuando llegaban a los setenta años, según la constitución de la ciudad debían partir. La abuela había llegado a los ochenta, pues era la memoria del pueblo enterrado en vida. La misión de la abuela había sido la de recordar como habíamos vivido en el exterior. Una vez a la semana iba por las zonas contando como fue la vida allí fuera y porque estábamos viviendo en el interior de la tierra. Habían grabado todo lo que ella había relatado, tenía la capacidad de evocar memorias que no estaban recogidas en ningún otro lado y cada vez que el médico certificaba que ya era momento de partir, comenzaba a mencionar hechos nuevos.
Llevaba varios días diciéndole a su hija que ya era el momento de partir, que llamara al médico.
Alondra cogió la frágil mano de su abuela, ella abrió los ojos y le dijo:
—Busca el cielo, siempre hay una salida.
Los rituales para partir eran sencillos, el médico le inyectaba una dosis de un medicamento y la persona dejaba de respirar, inmediatamente le daba a un botón especial que aparecía solo en esos casos y lo pulsaba. Directamente del camastro pasaba a un túnel que iba a alimentar el fuego que necesitaban para vivir dentro de la tierra.
Mientras, su familia entonaban cánticos de gratitud por todo lo que habían compartido con ella. Alondra tenía la garganta cerrada por el llanto interior, pues no era bien visto expresar dolor por la partida.
A partir de ese día, Alondra, ya con quince años, comenzó a recorrer más y más pasillos buscando el cielo y las salidas que le había dicho su abuela. Iba cada vez a un lugar nuevo y lo inspeccionaba a conciencia, registrando y averiguando a dónde llegaban cada túnel, cada escotilla.
Ya la habían denunciado por abrir puertas y escotillas prohibidas y su padre la vigilaba y encerraba en su habitación. Pero siempre encontraba la forma de escapar y seguir con su búsqueda.
Un día en una zona remota, abrió una escotilla y una mariposa, de color blanco con los filos azulados, voló alrededor de ella, y subió desapareciendo ¿A dónde llevará esta escotilla?— Se dijo. Y comenzó a subir por la escalerilla que había allí, llegó hasta otra escotilla, esta estaba cerrada con varios candados electrónicos en las cuatro direcciones. Señaló la ubicación de la escotilla y volvió a sus habitaciones. Llegó su hermano y lo llamó:
—¡Hugo ven! ¡Te voy a enseñar una cosa!
Y en un susurro le enseñó la foto de la mariposa que había visto.
—¡Has realizado la foto en el zoológico!.
—¡Que no! La he realizado en el sector K.—Además he estado mirando las mariposas que hay en el zoo y no hay ninguna como esta.
—Tú que sabes de electrónica— le mostró la foto de los candados en la escotilla. —¿Podrías abrirlos? ¿Tienen señal de alarma?
—Te vas a meter en un lio y quieres meterme a mí.
—Solo quiero saber por dónde ha entrado la mariposa, y si hay mariposas en otro lado.
Como Alondra habitualmente caminaba por los pasillos superiores cerca del cielo, no se extrañaban de ver a los dos hermanos por las alturas.
Unos días después los hermanos dispusieron de un tiempo libre, sus padres estaban en una reunión y decidieron ir a investigar al lugar donde había encontrado la mariposa. Cuando subieron por la escotilla descubrieron que en el costado derecho había un pequeño túnel por el que solo pasaba un cuerpo delgado.
Hugo no cabía por la abertura, entonces Alondra decidió introducirse por ella. Arrastrándose con la linterna en la frente, recorrió unos metros empujándose con los codos y las rodillas. Cuando llegó al final de la galería, allí en lo alto había una estructura circular de metal oscuro con barrotes entretejidos y una gran tranca que la atravesaba, que se sujetaba a una argolla de hierro con un artilugio, no tenía números para abrirlo, solo un pequeño agujero en un lateral, hizo fotos de todo. Miró por entre los barrotes y estaba muy oscuro, le pareció que había lucecitas a lo lejos.
Regresó al lado de su hermano y le enseñó lo que había encontrado.
Cuando llegaron los padres a las habitaciones, los encontraron llenos de tierra y le preguntaron dónde habían estado y les dijeron que habían estado ayudando en las granjas.
Al día siguiente fueron a las granjas, pues todo quedaba registrado.
Fueron a la biblioteca para buscar información de lo que significaba lo que habían encontrado. Había un bibliotecario muy mayor y recurrieron a él para que les indicara dónde podían encontrar la información. Cuando vio la foto dijo:
—Hacia mucho tiempo que no veía un candado como este.
—¿Es un candado?¿No tiene números ni teclas?
—El bibliotecario riéndose le contesto:—Se abre con una llave que se introduce en ese agujero del lateral.
—¿Y si no hay llave? ¿Se puede abrir?
—En aquellos tiempos había personas muy hábiles que lo abrían con unas ganzúas pequeñas o con horquillas. O con una lima serraban la parte delgada que está en el lado superior.—Le dijo señalándolo en la foto.
—¿Que son las ganzúas o las horquillas?—pregunto Alondra.—No conozco esas palabras.
El bibliotecario buscó en el ordenador y les dijo dónde podían encontrar información en un terminal de la biblioteca.
Con toda lo que encontraron volvieron a sus habitaciones, estuvieron decidiendo cuál instrumento usarían y cómo iban a encontrarlo, pues todo quedaba registrado, hasta las compras y aquellas cosas eran muy raras.
Alondra recordó que había visto algo parecido en las granjas y comenzaron a ir a ayudar con más asiduidad. Cada día le daban nuevas tareas con utensilios que no habían visto nunca, le explicaban que tenían que hacer y los dejaban con el trabajo.
Una vez vieron como serraban un tubo de los que usaban para abonar las plantas, con una herramienta especial, por lo que decidieron encontrar la forma de conseguir aquel instrumento que ya habían visto como funcionaba. Un día un aprendiz a granjero olvidó entre la tierra, una herramienta parecida a la que habían visto, aunque era más pequeña y Hugo la guardó en su mochila. Acordaron llevar la herramienta al túnel que habían encontrado, pues en sus mobiliarios todo estaba contabilizado. De camino a sus habitaciones iban riendo y felices.
Cuando por fin sus padres fueron a una reunión de la comunidad, fueron al túnel especial, Alondra entró con la linterna y la herramienta y comenzó a serrar el tubo superior del candado, fue un trabajo duro conseguir hacer mella en él, pero con los movimientos y forcejeos el candado se abrió solo, Alondra quedó sorprendida, con lentitud lo fue retirando, de pronto comenzó a ver claridad a través de los barrotes del círculo y quedó extasiada al ver el color azul a lo lejos.
De pronto un ruido puso en alerta a Alondra, la argolla se desprendió de la tierra y casi le da la tranca en la cabeza, que se metió en el túnel con celeridad. Mientras, su hermano le gritaba para saber que estaba pasando. Volvió al túnel donde estaba Hugo. le contó lo que había visto y que solo faltaba conseguir abrir o retirar los barrotes.
—La argolla se soltó de la tierra y la tranca cayó, casi me da.
—¿Estás bien? Te veo llena de tierra.
—¡Siii! ¡Estoy feliz!. ¡He visto el cielo de verdad! Apareció una claridad entre los barrotes que iba aclarándose y surgió un manto azul -celeste como nos lo contaba la abuela. ¡Ha sido maravilloso!
—Yo también quiero verlo, tenemos que ampliar el túnel.
Les llevó un tiempo agrandar el hueco para que Hugo pudiera ir hasta la escotilla de barrotes. Intentaron abrirla, no se movió ni una pulgada y comenzaron a quitar tierra de alrededor. Habían ampliado tanto el hueco que cabían los dos. Un día, después de intentarlo varias veces, le dieron a la escotilla una patada los dos a las vez y se movió. Consiguieron que se deslizara hacia un lado y reptando salieron al exterior. Estaba oscuro, aunque a lo lejos una luz emergía entre los árboles, fue agrandándose la claridad, al fondo vieron un resplandor luminoso que crecía en forma e intensidad. Estaban asustados e hipnotizados, quietos mirando asombrados
El sol apareció en todo su esplendor y tuvieron que colocar las manos delante de sus ojos. Extasiados ante todo lo que veían saltaban y bailaban gozosos. Entonces se dieron cuenta que estaban respirando en el exterior y que se sentían bien.
—Tenemos que contárselo a nuestros padres.—dijo Hugo.
—No nos creerán— le contestó Alondra.