miércoles, 12 de octubre de 2022

EJERCICIO 2 Geneviève ( Sonia) Corcelle

 

1.- Humores negros

 

            La tarde se alargaba mientras el geranio recorría con grandes zancadas el poyete de la ventana. “No hay quien aguante este calor”, exclamó. Sus olorosas flores fucsias, dispuestas en densas umbelas, sudaban la gota gorda. Estaba de un humor tan negro que estas caían formando un charco oscuro que de pronto se desbordó y tiñó el paisaje entero. “¡Vaya!, exclamó, volvemos a las fotos en blanco y negro”.

 

 

2.- Crisis de identidad

 

            Cenicienta lleva ya algunos años perdiendo el rumbo: primero se prohibió fumar en los hospitales, luego en el trabajo, en los bares, en las terrazas, en los coches, incluso ahora hasta en las playas. Sombrías expectativas… Cenicienta intuye que, de ella, pronto no quedará ni rastro.

 

 

3.- La esfinge, ni come ni deja comer

 

            La mirada fija en el horizonte, la esfinge no pestañea. Pétrea, hoy ningún acertijo propone, pero estira una garra traidora si al hambriento incauto se le ocurre hacerse con el tazón de arroz blanco que, a sus pies, ha dejado como olvidado.

            Llega a pasar una zorra que olfatea el contenido del tazón antes de sentenciar con menosprecio y también con una mirada de soslayo a esta eterna preguntona: “Mucho arroz para tan poco pollo” y se aleja altiva, dejando a la esfinge descolocada sobre su pedestal.

 

 

 

4.- Cuestión de colores

 

            Érase una vez un hombre dueño de hermosas casas en la ciudad y en el campo, vajilla de oro y lujosas carrozas. Pero, por desgracia, la barba de aquel hombre era azul y, por eso, todas las jovenzuelas lo rehuían.

            Una distinguida dama tenía dos hijas sumamente hermosas pero como ninguna accedía a ser su esposa, para impresionarlas Barba Azul las llevó con su madre a una de sus casas de campo, donde todo fueron paseos, bailes y festines. A la menor de las hermanas empezó a parecerle que el dueño de la casa ya no tenía la barba tan azul y que podría ser un buen marido.

            Con gran alegría se celebró la boda. Por la noche, al poco de recogerse los esposos a la intimidad de su aposento, un aullido hizo temblar hasta los cimientos del castillo: era el alarido aterrorizado de Barba Azul al descubrir el color verde fosforito del vello “púdico” de su amada.

 

5.- Desmembración

 

 

                       El pai

                                               braja

                                                                      se resque   

                                                                                                         saje

 

    

       en  fragmentoscaleidoscópicos                                                                                                                                                                

 

                                              Togi     dora       gito        rado

  

                                                       como un tíovivo

 

                      

                                                   ¡Yo, ya no juego!

 

 

 


 

 

 

6.- Problemas de conciencia

 

            Una huella dactilar, dermatoglifo o dactilograma, es la impresión visible que produce el contacto de las crestas papilares de un dedo de la mano sobre una superficie.                                        No hay dos personas con las mismas huellas dactilares, ni siquiera los gemelos. Estas no cambian nunca, ni siquiera con la edad.

            La dactiloscopia, basada en las leyes científicas de la perennidad y la inmutabilidad, hace que la huella dactilar jamás pueda escapar de su destino: ser la chivata por antonomasia. Pero, ¿le preguntaron acaso si este era su proyecto de vida?

 

 

7.- Desenlace inesperado

 

           Jamás pensé que al ver llegar la primavera se hundiría en tan profunda desesperación; pero me tengo que rendir a la evidencia: mi abrigo se ha colgado del perchero.

 

 

 

8.-  Farmacodisea trágica

 

            Llovía sobre Londres. Un verdadero tiempo de amlodipina. Agazapado en la oscuridad de un portal, el cloranfenicol esperaba. De pronto unos pasos glucosaminados golpearon el asfalto: una cefotaxima caminaba derecho hacia él. “¿Vienes conmigo, eccema mío?”, le  susurró esta con tono mucolítico. No tuvo tiempo de decir nada más: un poloxamer propiónico de modo impecable acababa de cortarle el aspartato.

 

 

 

 

 

4 comentarios:

  1. Buenisísimos, Sonia. El desenlace inesperado me parece genial y la Farmacodisea trágica, me conmueve hasta las amígdalas cerebrales.

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  2. Me gustan mucho, especialmente la desmembración

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  3. Todos muy buenos con un lenguaje preciso y sorprendente. Muy poéticos y divertidos. Me gusta mucho el pobre geranio. Marta

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  4. Muy buenos Sonia, sobre todo el del desmembramiento

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