13 octubre 2022
EJERCICIO 2. MICRORRELATOS. Aurora Palomo
1
El velo de los recuerdos
Escondida en el tejado del barracón vio como unos hombres discutían con su padre, y lo mataban, comenzó a correr entre las hierbas altas, escuchando a lo lejos a su madre llamarla:—¡Cristina! ¡Cristinaaaa!
Recuerdos o realidad se pierden en su memoria.
2
Volando va
El hada vivía en la esquina de la mesa de la cocina, le encantaba enredar entre los pucheros y darle su punto a cada comida que Frasca realizaba para el príncipe, hasta el día en que entró el labrador en la cocina y se comió lo que estaba en la marmita, incluida el hada. Desde entonces corretea por el aire detrás de todo lo que vuela.
3
Cocina natural
Otro día sin nada que comer. Un enorme huevo rodó cuesta abajo por la colina, neandertales y grandes aves fueron tras él. Tropezó con una roca y cayó en una oquedad, rompiéndose. El suelo ardiente por un sol tórrido, cocinó el huevo. Defendieron el tesoro encontrado. Con mantas de claras al hombro volvieron a la cueva.
4
Vidas
Almas Antiguas, Almas Nuevas. Diferenciadas por años de vivencias, que quedan plasmadas en las tramas de las vidas.
5
A lo lejos
En la terraza un olivo mira perplejo, ¿cómo pueden convivir tantos olivos juntos y estar cuerdos?. Él ya tiene bastante con las batallas entre sus ramas para ser la sostenedora del fruto anual.
6
El abismo
Un destello de luz cruzó el círculo dejando nuestras miradas hipnotizadas con el último brillo. Todas las personas a mi alrededor comenzamos a caminar como autómatas impulsados por un cri-cri que flotaba en el aire, acompasando nuestros pasos con los movimientos de los brazos al andar.
¿A dónde me dirijo?—me preguntaba una y otra vez.
Sin poder articular palabras, las personas que caminábamos nos mirábamos con preguntas en nuestros ojos asustados.
A lo lejos vi que los individuos que llegaban al borde de un gran agujero daban pasos en el vacío y caían sin un grito. El silencio era absoluto excepto el cri-cri que lo inundaba todo.
Cada vez más angustiado intentaba salir de la fila, era en vano, el cri-cri en el aire me obligaba a seguir.
Cuando me encontraba delante de la sima negra e inmensa, en la pierna que estaba en el vacío, sentí una cosa áspera y húmeda lamer mi pierna. Baje la vista, era mi perro. De pie, encima de la cama, abrí mis ojos. En la oscuridad no podía distinguir entre sueño o realidad. Había despertado de una muerte certera.
7
Recepción sin colas
En una clínica privada de la ciudad, una máquina da números a discreción, un semillero de personas encasilladas en diferentes lugares alrededor de la recepción miraban impacientes las pantallas por sí el número que había salido era el suyo.
Un hombre mayor, con un sombrero de ala ancha, chaqueta negra/marrón y pantalones con tirantes, entró en la recepción y marcando el paso con unas botas camperas se dirigió a la ventanilla que estaba vacía.
—Vengo a…
Una de las personas que atendían la recepción, sin mirarlo le dijo disciplente:
—Primero tiene que coger número
El hombre miró alrededor y no vio ningún expendedor de números.
—Estoy aquí y me atiende ahora, no hay nadie en la ventanilla.
—Le he dicho que sin número no lo atiendo— aumentando el tono de voz.
El Hombre sacó un móvil y marcó un número, le dio a la tecla de manos libres.
—La COPE, dígame
Todas las personas que estaban esperando se miraron intrigadas.
—¿Puedo hablar con Carlos Herrera? Soy el abuelo de Mercedes, su ahijada.
—Voy a ver
Un silencio incómodo se instaló en la sala
—Dime Paco—dijo una voz conocida
—Quiero contarte lo que me está ocurriendo, tanto sanidad privada, sanidad privada, te atienden con amabilidad sin esperas. Estoy en la recepción de las consultas de la clínica de Fátima y muy grande hay un cartel que dice Recepción sin colas. Me acerco a la ventanilla que está vacía y con malos modos y sin levantar la vista, me dicen que no me atienden sin un número, miro a todos los lados y no encuentro ningún expendedor de números. Sin mirarme, vuelve a decirme que no me atiende sin número. ¿Dónde está esa amabilidad? ¿Será solo para personas conocidas? Quiero denunciarlo para que se sepa. Y ahora me voy a poner una reclamación al gerente de esta clínica.
El hombre colgó sin despedirse y se dirigió hacia las oficinas de dirección.
8
El limón
Anita cogió un limón del árbol que había en medio del jardín, lo cortó a la mitad y comenzó a exprimir el zumo en su boca. Desde muy pequeña este era el brebaje que más le gustaba.
Ese resquemor ácido que le quemaba la garganta cada vez que lo tomaba, la convertía en una especie de serpiente con cuerpo de mujer, que reptaba hasta el alféizar de la ventana. Allí se tendía voluptuosa viendo pasar a las personas por la calle, era invisible para ellas. Permanecía tendida al calor del sol, hasta que veía venir a Rodolfo, su vecino que era muy religioso. Entonces se desperezaba con sensualidad y comenzaba a retozar y bailar. Él la veía y se santiguaba varias veces antes de entrar en el portal, donde ya lo esperaba Anita convertida en adolescente inocente. Rodolfo creía que eran alucinaciones, fue a confesarse y el párroco de la iglesia lo calmó rezando ambos un rosario completo. A la semana se presentó en su casa, había convocado al obispo y al exorcista.
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